Estaba hecha un lío, ya no había salvación para mí. Había entrado en una mar de tristeza inagotable desde hacía tiempo en el que me sentía muerta, no sabía cuando había muerto mi alma, o si siempre lo estuvo.
Estaba perdida entre la vida y la muerte, entre lo que era y lo que quería ser, entre lo que podía y no podía, entre lo que quería y no, entre el amor y el odio, entre la soledad y la depresión, ante la esperanza y la desilusión. No podría salir de ahí.
Me sentía vacía, inexplicablemente rota, destrozada, solo quería morir, a nadie le hubiera importado, lo sé. Era una decepción para todos, era una vergüenza, un estorbo en el mundo, en la vida de los que me rodeaban, para mis compañeros, para mis amigos, para mi familia, para mí.
"Ojalá nunca hubiera nacido" me repito frecuentemente. Mi madre suele repetirme que de qué me quejo, lo tengo todo; pero de qué sirve vivir en un mundo material en que la soledad, la depresión, y el odio por ti misma te destruyen a diario, en que no te conformas con lo que eres, solo quieres destruir todo, destruirte.
He vivido en conflicto conmigo misma desde siempre, al punto de querer acuchillarme y desgarrarme la piel, ver el dolor y sufrimiento que llevo dentro salir de mí. He querido romper el espejo para dejar de verme, y con él, romperme a mí, acabarme, destrozarme, dejar de ser yo, dejar de odiarme.
Suelo compararme con los demás, para sacarme más defectos, para idealizar la forma en que me gustaría ser; algo que jamás alcanzaré, así como he querido encerrarme a llorar porque nunca lograré ser así, seguiré siendo un adefesio, lleno de odio contra el mundo y contra sí mismo.
He anhelado con mi alma que alguien me quiera, que alguien me abrace, que alguien esté ahí para mí cuando ya siento que no puedo seguir; pero estoy sola y sufro viendo felices a los demás, los envidio, desearía ser feliz y desearía merecerlo.
Y así, he vivido mis días como en el purgatorio, un infierno en la tierra, en que nadie sabe entenderte, en que el dolor muchas veces es imperceptible para los humanos, y en que te das cuenta que muchas veces no hay razones que te impulsen a seguir.